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5.10.08

ARCADIA ONÍRICA (II): La actitud surrealista en Ambasz. Metáfora o Ironía


a. LA BÚSQUEDA DE UNA TERCERA VÍA: DEL MANIERISMO AL SURREALISMO

“Hay dos opciones en arquitectura. La primera consistiría en una vuelta a una reconsideración sobre sí misma, sobre su memoria, desarrollando un lenguaje hermético que acaba repitiéndose hasta la saciedad en el cada vez más estrecho círculo de su Autonomía. La segunda se traduciría en un abandono de estos preciosismos literarios, asumiendo el papel de símbolo y queriendo demostrar que ha vuelto a descubrir su misión de significar, permitiendo a la memoria primitiva que acuda en su ayuda para realizar esta alta tarea: la creación de imágenes arquetípicas”[1].

La búsqueda del arquetipo como recuperación de la misión significante de la arquitectura, liberando al lenguaje de su propio hermetismo, coloca a Ambasz en una línea iniciada por los arquitectos Manieristas que reconsideraron la voluntad Renacentista de alcanzar el ideal clasicista como pauta a seguir. El Manierismo no es sino la plasmación de la decadencia del lenguaje clásico heredado, aunque inevitablemente necesita de la manipulación de este lenguaje para tratar de partir de cero[2].
De la misma forma, los paisajes de Ambasz no son sino la negación del panorama deshumanizado que se propone en la ciudad del Movimiento Moderno, y del que es heredero natural. Por eso, aunque emplea estructuras inicialmente modernas, no hace sino poner en crisis una ideología que se ha apropiado de buena parte del panorama arquitectónico de la segunda mitad del XX.
Y para ello recurre a mecanismos que podemos encontrar ya en las obras de Bramante (a quien Benévolo considera el punto de partida de la tendencia combinatoria manierista[3]) o en Miguel Angel (quien en palabras de Tafuri inicia una penetración crítica de la realidad clásica heredada de Alberti[4]). El conflicto generado por la utilización de un método racional de modo tan insistente que genera categorías de respuesta que rayan lo absurdo en San Pietro in Montorio -cuando la repetición obsesiva y estricta de las pilastras del templete obvia la puerta de entrada que queda “cortada” por ellas-, está presente también en el Houston Plaza Center, donde la cuadrícula de boj acaba por disolverse en la cota de suelo en una idea de ordenación infinita del paisaje; o en el Plan Director para la Exposición de Sevilla `92, donde de nuevo la geometría acaba por extenderse más allá de su propio ámbito, colonizando en parte el agua de un lago que aunque conserva en sus bordes una manifiesta irregularidad se ve sometido a las líneas de fuerza de la edificación flotante; o en el New Town Center de Nishiyachiyo, Japón, donde el acceso al complejo se produce por sustracción de unos cuantos “estantes de árboles”.
Por otro lado, recursos como las combinaciones aparentemente azarosas de lenguajes diversos, los cambios de escala, la inversión de las propiedades físicas de los elementos, muy empleados por Julio Romano en el enigmático Palacio del Te, en Mantua (plinto común para columnas de diferente escala, grandes claves asociadas a arcos pequeños y a la inversa…), pueden releerse en los trabajos de Ambasz, como en la Casa de Retiro Espiritual (donde inserta un mirador nazarí como un objet trouvé en la esquina que forma el enorme diedro compuesto de dos muros de un blanco absoluto; y bajo el cual se encuentra en realidad la casa, de una dimensión y geometría radicalmente opuestas), o en el Centro Municipal de Hokkaido, donde la fachada se convierte en una auténtica selva “vertical”.
Esta actitud manierista entronca con la idea de tercer factor expuesta por Juan Carlos Arnuncio en su libro “la actitud surrealista en arquitectura”, donde vincula el Manierismo al posterior modus surrealista:
“ …el manierismo sería esa tercera salida en la dialéctica Renacimiento-Barroco, tesis ésta que se daría la mano con las afirmaciones de Tafuri que diferencian al Manierismo de la postura anteclásica del Quinientos considerándolo un movimiento autónomo y diferenciador. Y el surrealismo sería ese tertium datur en la dialéctica expresionismo-formalismo”[5].
Una clara aproximación a este Tertium Datur la constituye la obra de Giorgio de Chirico, inmersa entre todas las tensiones artísticas del siglo XX que han basculado entre los principios expresionistas, cubistas y surrealistas[6]. La utilización de elementos de clara componente clásica chocó de frente contra los postulados del Movimiento Moderno, y el reconocimiento a su obra se centró más en la realidad onírica que plasmaba en sus paisajes infinitos de sombras alargadas que en la identificación con una posición arquitectónica.

b.LA EVOCACIÓN DEL ORIGEN: DE LAS PINTURAS DE DE CHIRICO A LOS PAISAJES DE AMBASZ

El camino optado por De Chirico es el análisis y la plasmación del sentimiento de nostalgia, jugando con los elementos de la historia a su antojo para construir paisajes urbanos que evocan el origen, la memoria profunda sobre un determinado pasado. Como en Ambasz, sus “arquitecturas” plantean rescatar aspectos como “la eternidad”, lo “emocional”, lo “metafísico”. Y para ello se vale de algunos recursos que luego retomarán con fuerza los pintores ya consolidados en el surrealismo ortodoxo (Dalí, Ernst, Magritte):
I. Toma elementos interesados de la historia, y los manipula hasta la “despersonalización”: el arco, la columnata, la seriación de elementos arquitectónicos clásicos sometidos a leyes que rozan el absurdo son empleados habitualmente en una voluntad clara de trascender, de atrapar el infinito[7]. Ya nos hemos referido a algunos proyectos en los que Ambasz utiliza la repetición como representación de lo trascendente, y de sus obsesiones por incorporar el cielo a sus proyectos. El empleo de elementos de lenguaje clásicos sujetos a leyes de composición “anticlásicas” convierte cada objeto arquitectónico en un evento inserto en la naturaleza infinita que tiene valor por sí mismo (Schlumberger Research Laboratories, Casa en Córdoba, Complejo de oficinas La Venta, México).
II. Parte de mecanismos clásicos de construcción perspéctica y geométrica introduciendo luego variables como la distorsión o la superposición, lo que genera relaciones sorprendentes entre los elementos representados. Ambasz construye muchas de sus visiones partiendo de la simetría, pero haciendo un “zoom” o cambiando el “encuadre” de cualquier proyecto (utilizando términos de la representación virtual) se produce el conflicto y, por ende, la relación sorprendente (de nuevo en los laboratorios Schlumberger o en la casa Leo Castelli encontramos elementos construidos con leyes “clásicas” insertos en una estructura claramente inmensurable que hace además alusión a la historia del jardín inglés)
III. Pone en crisis la aparente realidad con la introducción de elementos descontextualizados o insólitos (la inclusión del maniquí). De nuevo sobrevuela el mirador historicista sobre el diedro silencioso de la Casa en Córdoba, la capilla quirúrgicamente abierta en el suelo verde de los Granjeros de Santa Rosa, o el bosque introducido en el centro de la ciudad de Salamanca . En un gesto muy característico de la obra de Ambasz, la inserción del paisaje natural en una posición extraña (por ejemplo en forma de fachada, o como cubierta pisable) o la introducción de geometrías brutalmente platónicas en un paisaje indómito recupera la idea de conflicto por disposición imposible de objetos (de nuevo una actitud marcadamente surrealista). Tampoco es casual la inserción de maquetas en los interiores de la Banca Lambert, como un objet trouvé que distorsiona de nuevo el concepto de escala.
IV. Introduce el conflicto en la composición confrontando elementos antitéticos. Lo que De Chirico hace cuando contrapone la figura del tren (móvil, cambiante) a la arquitectura (idea de eternidad), o los plátanos (lo caduco) frente a la escultura (lo perdurable) es traer al lienzo el problema de la tensión bipolar que, como hemos visto, genera en su confrontación un tercer polo trascendente. La inserción de lo natural en un sistema codificado (las estanterías con macetas del New Town de Nishiyachiyo) o la puesta en crítica de lo infranqueable frente a lo intraspasable (las etéreas cortinas-mampara de las oficinas de la Financial Guarrantee Insurance Corporation, en Nueva York) son muy ilustrativas en este sentido.
Emilio Ambasz, como De Chirico, como Delvaux o Dalí, no hace sino producir una respuesta irónica y alternativa al orden establecido. Si los surrealistas herederos de la pintura metafísica trataban de recuperar la esencia perdida del hombre en una sociedad despersonalizada, Ambasz lanza un desafío a los sentados heredados del Movimiento Moderno atacando a su principal coartada: Lo Estrictamente Funcional. Así, las escaleras que no llevan a ningún sitio de la Casa en Córdoba, o el jardín por el que no se entra ni se sale, en Lendenhausen, son, en palabras de Fulvio Irace, “la recuperación de la función evocadora de la imagen(…) como anticipación de un futuro posible, abriéndose a nuevos sistemas simbólicos de representación, capaces de reflejar las contradicciones y aspiraciones de la contemporaneidad” [8]; o, como afirma Paolo Portoghesi, “el reconocimiento de la impronta humana utilizando el valor coral de la Metáfora”[9].
[1] IRACE, Fulvio: La poética de lo cotidiano. En: Emilio Ambasz, entre la Arcadia y la Utopía. Obras y Proyectos 1972-1984. Ed. COAM. Madrid, 1987 [2] HAUSER, Arnold: Origen de la Literatura y el Arte Moderno. El Manierismo. Crisis del Renacimiento. Ed. Guadarrama. Madrid, 1974 [3] BENEVOLO, Leonardo: Historia de la Arquitectura del Renacimiento. Tomo I. Ed. Gustavo Gili. Barcelona, 1978 [4] TAFURI, Manfredo: Teoría e Historia de la Arquitectura: hacia una nueva concepción del espacio arquitectónico. Ed. Laia. Barcelona, 1977 [5] ARNUNCIO, Juan Carlos: La Actitud Surrealista en la Arquitectura: Entre lo Grotesco y lo Metafísico. Ed. Universidad de Valladolid. Valladolid, 1985 [6] DUCHAMP, Macel: Escritos. Duchamp du Signe. Ed. Gustavo Gili. Barcelona, 1978 [7] Me permito tomar prestada la frase de Benévolo [N. del A.] [8] IRACE, Fulvio: Emilio Ambasz, Una Arcadia Tecnológica. Ed. Skira. Milán, 2004 [9] PORTOGHESI, Paolo. En: IRACE, Fulvio: Emilio Ambasz, Una Arcadia Tecnológica. Ed. Skira. Milán, 2004

3.10.08

ARCADIA ONÍRICA (IV):Onirismo y paisaje metafísico-surrealista (Schumberger Research Laboratories, Emilio Ambasz)



a. EL JARDÍN INVENTADO-EL JARDÍN SOÑADO

“Los vecinos de este solar para un centro de investigación computacional valoraban el parque existente y sus suaves ondulaciones. El sitio permitió desarrollar un diseño que armonizara con el paisaje, antes que enfrentarse a él. La solución resuelve simultáneamente la integración con la naturaleza y la reducción de costes energéticos, al dividir el proyecto en una serie de edificios dispuestos bajo tierra parcialmente rodeados por taludes urbanizados. De esta forma, los vecinos siguen contemplando solamente un hermoso parque en lugar de una colección de edificios intrusos. Los laboratorios de investigación y las instalaciones de recreo se organizan en torno a un lago artificial a la manera de un jardín inglés. Las fachadas visibles de cada edificio consisten en dos columnatas que enmarcan las paredes de cristal ininterrumpidas que permiten que la luz se filtre con profundidad en los espacios de trabajo. Los alrededores de cada edificio proporcionan una atmósfera agradable para los empleados que deseen aprovecharse del complejo natural.”[1]
“Yo creo que en el intento de domesticar la Naturaleza hemos creado una segunda naturaleza artificial, intrínsecamente relacionada con aquella que nos habíamos encontrado. Deberíamos redefinir la arquitectura como uno de los aspectos de la naturaleza artificial; pero para hacer esto primero habría que redefinir el significado que para nosotros puede tener hoy el término Naturaleza”[2]

Los laboratorios Schlumberger son una clara metáfora del jardín primigenio habitado. De nuevo nos encontramos al surrealista Ambasz domesticando la naturaleza con unos cuantos trazos irregulares de serpentina que aportan luz y aire a los espacios subterráneos y permiten la canalización de flujos en el organismo vivo que se recrea. De nuevo surge ese deseo de “hacer crecer hasta el infinito” los límites de lo proyectado, los límites de la naturaleza artificial con la naturaleza indómita. De nuevo ese deseo de atrapar el horizonte inmensurable y hacerlo parte del proyecto. De nuevo las geometrías de composiciones cerradas en sí mismas, simétricas, mudas, dispuestas según una estructura mental que domestica el paisaje y construye una nueva red abierta de relaciones compositivas y visuales. Una vez más, la intelectualización de una naturaleza inabarcable en sus leyes convierte a Emilio Ambasz en un arquitecto de lo metafísico, en un creador de sueños, en un inventor: “Emilio Ambasz se encuadra en el campo de los que querrían volver a inventar la Arquitectura. A la manera de Ledoux, quiere devolver su pensamiento y con él a su arquitectura al estado natural de la construcción (…). Por tanto, su investigación empieza no con las más altas manifestaciones de la arquitectura sino con las más sencillas. Al modo de las metafísicas, primero busca los principios, para frente a un culminar de procesos seculares, recorrer los caminos no pisados. En esta línea, en este sentido de búsqueda de una nueva vida para la arquitectura, le podemos considerar como un revolucionario”.[3]
La nueva naturaleza creada por Ambasz en los laboratorios Schlumberger es de nuevo la vía con la que plantear las bases para una crítica (contestación) y acercamiento a un orden perdido al que parece referirse el sentimiento de nostalgia que tiñe las arquitecturas sencillas, metafísicas, que salpican el jardín. Este mundo dominado por la presencia del cielo (siempre azul), el agua (en forma de gran estanque irregular) y la tierra (habitada pero no fragmentada) trata de establecer una nueva visión de la Arcadia, del mito del principio como estado primigenio del hombre enfrentado a su propia naturaleza. Por eso es tan importante aquí la función primera (la investigación flexible) como el “plano del espíritu”, por eso se trata de dar forma poética a lo pragmático. Así, el hombre se convierte en el protagonista de una actitud contemplativa y meditativa, como contrapunto necesario al desarrollo de la tecnología y de la ciudad. De nuevo aquí Ambasz hace uso de imágenes mágico-trascendentes y arquetipos, como la mastaba que da acceso al complejo, el templo excavado donde se ubica el edificio administrativo, la roca sagrada que se enfrenta como terraplén acristalado al lago, el propio lago, la isla, o el tótem-depósito que pone en relación el plano del suelo con el horizonte y el cielo. Con este sistema de símbolos repartidos por el jardín se trata de devolver a la imagen la función evocadora del mito a través de una estructura mental de articulación paisajística que devuelve al hombre (al usuario) el sentido primigenio y sagrado de la ocupación del suelo.

b. EL JARDÍN SURREALISTA

“Ambasz combina su minimalismo personal con ese leve sentimiento surrealista argentino (…). Existe una afinidad específica con el paisaje surrealista, como heredero de los clásicos del género: Delvaux, Magritte y Dali. Debajo de ese contemplativo cielo azul, o dentro de las estructuras de su arquitectura mística –como una representación física de la mente- habitan objetos extraños, como máquinas inútiles, como largas sombras creciendo sobre un paisaje mental genérico (…)”[4]
De la ya expuesta postura surrealista de Ambasz, destacan cinco aspectos claramente presentes en el complejo de los Laboratorios Schlumberger:
EL EMPLEO DEL AZAR REUNIENDO ELEMENTOS HETEROGÉNEOS: la agrupación de objetos con entidad propia (de hecho, la composición de cada uno obedece a reglas clásicas de simetría y repetición que los cierra en sí mismos) en torno al lago, con geometrías diversas de naturalezas dispares (la recta frente a la curva) propicia el conflicto, la tensión entre elementos muy valorada por Dalí. En ese conflicto surge el plano del espíritu en el que el hombre se reconcilia con su origen. Cada elemento es diferente y tiene un tamaño distinto, respondiendo a los diferentes usos para los que ha sido encomendado, siendo así imposible cualquier idea de homogeneización.
LA DISTORSIÓN DE LAS REGLAS CLÁSICAS HEREDADAS: La manipulación de los mecanismos clásicos de composición pasa por negar la rigidez con la que se materializan las arquitecturas al disponerlas en una malla mental que nada tiene que ver con una organización clásica. La naturaleza parece introducir sus propias fuerzas que desestabilizan un conjunto que, a pequeña escala y de forma individual, se contempla como bastante rígido. La arquitectura deja de estar en la naturaleza para convertirse en la arquitectura de la naturaleza, cuyas leyes de formación son imposibles de ajustar a un lenguaje racional.
LA MANIPULACIÓN FÍSICA Y CONCEPTUAL DE LA NATURALEZA: El paisaje natural deja de ocupar su lugar habitual para ubicarse en una posición extraña o anómala: el parque se convierte también en la cubierta del edificio y la arquitectura se supedita a él hasta tal punto que se esconde bajo la cota naturalmente artificial. En ocasiones, la arquitectura toma propiedades “naturales” y rompe con fuerza la pendiente verde para convertirse en talud de vidrio. La tierra, de naturaleza inmensurable, se secciona y geometriza con la precisión de un cirujano.
LA INTRODUCCIÓN DEL CONFLICTO EN LA COMPOSICIÓN: De forma alterna aparece la serpentina contra la geometría regular; y la una parece reafirmar a la otra. El lago, puramente artificial, adquiere un perfil orgánico que contrasta con la rigidez de los taludes que se asoman a él. El circuito rodado que va concatenando las diferentes arquitecturas se atrinchera o emerge sobre la superficie de forma alterna. En un gesto teatral, la torre de instalaciones (que ocupa una posición absolutamente desentrada) se convierte en menhir emergente, de exagerada voluntad vertical, frente a las arquitecturas desarrolladas en horizontal (y bajo tierra) a las que sirve.
LA MULTIPLICIDAD DE ESCALAS Y LA APROPIACIÓN DEL HORIZONTE: ¿dónde está el límite en este proyecto? La naturaleza controlada y artificial se disuelve en lo infinito natural hasta atraparlo y hacerlo parte del proyecto. El horizonte se hace patente en las imágenes de maqueta y el cielo cobra vital importancia en la composición final del conjunto. La pradera verde, inmensurable, aloja unos cuantos elementos dispuestos a cierta distancia unos de otros, pero sin leyes que permitan retenerlos en una estructura racional. Esto permitiría el crecimiento ilimitado de estos objetos, con la única referencia centralizante del lago (de nuevo, un recurso de atrapamiento del cielo).

[1] Fuente: www.emilioambaszandassociates.com [2] Ambasz citado por IRACE, Fulvio: Emilio Ambasz, Una Arcadia Tecnológica. Ed. Skira. Milán, 2004 [3] SORKIN, Michael: la A de Emilio A. Arcadia y Utopía. En: Emilio Ambasz, entre la Arcadia y la Utopía. Obras y Proyectos 1972-1984. Ed. COAM. Madrid, 1987 [4] SORKIN, Michael. En: MENDINI, Alessandro y OTROS: Emilio Ambasz, the Poetics of the Pragmatic. Ed. Rizzoli. Nueva York, 1988